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El cultivo sostenible del arroz en Europa se basa en técnicas modernas, cada vez aplicadas por más agricultores, con el objetivo de reducir el consumo de agua, limitar los insumos de productos químicos y proteger el medio ambiente.
Al mismo tiempo, esta prácticas mejoran la salud del terreno y aumentan la rentabilidad de los cultivos.
Tras la recolección del arroz, se cultivan plantas intermedias (por ejemplo, trébol o vezas) que enriquecen de forma natural el terreno, reducen la erosión y limitan la necesidad de químicos. Los productores aplican un uso alterno de cultivos (al menos una vez cada tres años) a fin de mejorar la estructura y la biodiversidad del ecosistema agrícola.
Los productores evitan el arado profundo convencional que altera el terreno y puede provocar la germinación de semillas de malas hierbas que se encuentran en zonas más profundas del terreno. Se lleva a cabo un arado muy leve justo después de la recolección del fruto, arado con máquina antes de la siembra en primavera y nivelación de la parcela.
La siembra se lleva a cabo utilizando máquinas especiales (abonadoras) que siembran las semillas directamente en la parcela inundada, con una perturbación mínima. De esta forma, se mantiene la estructura del terreno y se refuerza la actividad de los microorganismos.
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